Hoy vamos a hablar de una enfermedad bucodental de la que es muy probable que no hayas oído hablar tanto, pero lo cierto es que ello no quiere decir que sea de menor importancia o de aparición menos frecuente. Y es que, la piorrea, no es ni más ni menos que otra forma de llamar a la periodontitis, un nombre que sí que, como mínimo, nos suena mucho más. Así, la piorrea es una infección que afecta a los tejidos de soporte de los dientes, es decir, al hueso y al ligamento periodontal. Así pues, veamos cómo se cura.

Para ello, antes tenemos que saber cómo se produce y qué consecuencias nos trae. Ya hemos visto afecta a los tejidos que soportan el diente, que, en última instancia, acabaríamos perdiendo si se queda sin su sujeción. Así, la piorrea es la forma más grave de las enfermedades periodontales, pero su prevención empieza por la medida más básica, como es mantener una intachable higiene bucodental.

La limpieza de nuestra boca es fundamental para mantener a raya problemas como la piorrea u otras complicaciones, pues evitan la proliferación de bacterias que terminan infectando a las encías. Si esta ya ha hecho acto de aparición, no bastará con una rutina constante de cepillado, colutorio e hilo dental, pues la placa bacteriana ya formada termina por endurecerse, formando sarro y pudiendo llegar a cubrir el diente.

Por supuesto, no se trata solo de un descuido de higiene bucodental, y es que malos hábitos como el consumo de tabaco o el abuso de medicamentos, que reducen la producción de saliva, son contraproducentes, así como carecer de regularidad en las visitas al dentista. También existen otros factores más difíciles o imposibles de controlar, como los cambios hormonales, la diabetes o la simple herencia genética.

Es posible que antes de acudir al dentista nosotros mismos ya hayamos advertido la amenaza de la piorrea, pues se manifiesta por medio de los siguientes síntomas:
• Sangrado de las encías, que están inflamadas y con un color más rojizo, en el cepillado dental.
• Molestias al masticar comida, que queda retenida con más facilidad.
• Mal aliento.
• Aumento de la sensibilidad a alimentos y bebidas especialmente frías.
• Movilidad dental.
• Encías retraídas, dejando al diente más descubierto.
• Aumento del espacio interdental.
Para curar la piorrea es necesario que nos pongamos en manos de nuestro dentista de confianza, quien tal vez pueda hacer que nos deshagamos de ella con una limpieza bucal desde la misma raíz del diente y con el consumo de antibióticos, si aún está en fase inicial.

Si la piorrea ha ido más allá antes de la exploración del profesional, muy probablemente habría que pasar por cirugía, con la que levantaríamos las encías para eliminar el sarro y las bolsas periodontales que queden en la boca.

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