Nuestros dientes son susceptibles a múltiples factores, no sólo la caries constituye una amenaza para ellos, el desgaste dental también. ¿Y qué es esto? El desgaste dental puede suponer la pérdida de tejidos duros en la superficie externa de la pieza dental y causa lesiones que terminan por destrozar nuestra dentadura.

Con asiduidad se relacionaba el desgaste dental con la erosión y abrasión producidas por el cepillado, pero son muchos los factores que intervienen. La hipersensibilidad a los cambios bruscos de temperatura, al tacto o al tomar dulce, pueden ser señales de existencia de lesiones por desgaste dental.

Entre las lesiones más comunes que podemos sufrir por el desgaste dental se encuentran las siguientes:

  • La abrasión: se produce como consecuencia del contacto entre los dientes y sustancias abrasivas, la interposición de objetos entre las piezas dentales o un cepillado fuerte en exceso. ¿Cómo podemos detectar el desgaste dental por abrasión? Lógicamente, acudiendo regularmente al dentista, pero nosotros mismo podemos examinar nuestra boca de vez en cuando. Al principio, se puede apreciar un pequeño surco en el diente que con el paso del tiempo toma forma de cuña con paredes pulidas y brillantes de tonos amarillentos y marrones.
  • La abfracción: el desgaste dental por abfracción causa la pérdida de tejido dentario por fuerzas biomecánicas como es la masticación. La tensión y la comprensión que se generan a veces al masticar de una manera inadecuada, puede producir microfracturas que al cabo de un tiempo se traducen en pérdida de dentina o esmalte. Las lesiones causadas por este factor suelen ser profundas y estrechas, de superficie áspera y con bordes afilados.
  • La erosión: el poder de agentes físicos no mecánicos como la radiación o de agentes químicos no bacterianos como los ácidos, la vitamina C o el hierro, destruyen la superficie dental de manera progresiva. Así, los dientes van tomando una forma lisa y mate, pudiendo incluso aparecer cavidades redondeadas.
  • La atrición: consiste en la pérdida gradual de tejido dentario por el contacto entre unas superficies dentales y otras, pudiendo incidir en la destrucción de nuestra dentadura si padecemos bruxismo. De este modo, las zonas desgastadas tienen un aspecto liso y pulido, y en el largo plazo si no se trata puede llegar a quedar expuesta la cámara pulpar.

Para evitar todo tipo de lesiones cariosas debemos cuidar minuciosamente nuestra dentadura, no abusando de alimentos o productos perjudiciales, utilizando los elementos de higiene adecuados y acudiendo de forma periódica al dentista.

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